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Mostrando las entradas con la etiqueta poemas

A los duendes

Super héroes sin poderes. Líderes de ninguna revolución. Discos para llegar hasta mañana. Historias de sexo de gente común. Historias de no correspondidos en el lugar y momento correcto. De correspondidos que faltan a la cita. Acordes frustados. Poemas a la mitad. Matematamanija. Tucas a los duendes. Duendes alegres, afortunados y agradecidos. La bici pinchada. Pan con manteca. Mermelada de durazno. ¿Cómo se hace el mate cocido? Jarrito. Campamento. Ruta. ¿Cómo se hace? Tomar sol, irresponsablemente. Después: tomates en la espalda,  de la abuela. ¿Cómo? (Florencia Cossimano es la autora del dibujo)

Aparición Urbana | Oliverio Girondo

¿Surgió de bajo tierra? ¿Se desprendió del cielo? Estaba entre los ruidos, herido, malherido, inmóvil, en silencio, hincado ante la tarde, ante lo inevitable, las venas adheridas al espanto, al asfalto, con sus crenchas caídas, con sus ojos de santo, todo, todo desnudo, casi azul, de tan blanco. Hablaban de un caballo. Yo creo que era un ángel.

Preguntas a la hora del té | Nicanor Parra

Este señor desvaído parece Una figura de un museo de cera; Mira a través de los visillos rotos: Qué vale más, ¿el oro o la belleza?, ¿Vale más el arroyo que se mueve O la chépica fija a la ribera? A lo lejos se oye una campana Que abre una herida más, o que la cierra: ¿Es más real el agua de la fuente O la muchacha que se mira en ella? No se sabe, la gente se lo pasa Construyendo castillos en la arena. ¿Es superior el vaso transparente A la mano del hombre que lo crea? Se respira una atmósfera cansada De ceniza, de humo, de tristeza: Lo que se vio una vez ya no se vuelve A ver igual, dicen las hojas secas. Hora del té, tostadas, margarina. Todo envuelto en una especie de niebla. [ Gustavo Cerati y Luis Alberto Spinetta - Té para tres ]

Miedo, de Raymod Carver *

Miedo a ver un coche de la policía acercarse a mi puerta. Miedo a dormirme por la noche. Miedo a no dormirme. Miedo al pasado resucitando. Miedo al presente echando a volar. Miedo al teléfono que suena en la quietud de la noche. Miedo a las tormentas eléctricas. ¡Miedo a la limpiadora que tiene una mancha en la mejilla! Miedo a los perros que me han dicho que no muerden. Miedo a la ansiedad. Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto. Miedo a quedarme sin dinero. Miedo a tener demasiado, aunque la gente no creerá esto. Miedo a los perfiles psicológicos. Miedo a llegar tarde y miedo a llegar antes que nadie. Miedo a la letra de mis hijos en los sobres. Miedo a que mueran antes que yo y me sienta culpable. Miedo a tener que vivir con mi madre cuando ella sea vieja, y yo también. Miedo a la confusión. Miedo a que este día acabe con una nota infeliz. Miedo a llegar y encontrarme con que te has ido. Miedo a no amar y miedo a no amar lo suficiente. Mie...

El Despertar - Alejandra Pizarnik

Señor la jaula se ha vuelto pájaro y se ha volado y mi corazón está loco porque aúlla a la muerte y sonríe detrás del viento  a mis delirios Que haré con el miedo que haré con el miedo Ya no baila la luz en mi sonrisa ni las estaciones queman palomas en mis ideas Mis manos se han desnudado y se han ido donde la muerte enseña a vivir a los muertos 

Poema IX, de "Abrileando". Mariana Kruk

ya morí en los baños de los bares donde no estás. ya dormí un siglo, ya lloré en todos los idiomas. ya masacré al teclado escribiendo (te) siempre escribiendo (te), ya tiré mi última piedrita en tu ventana y prendí fuego los papeles. ya me emborraché, ya me retorcí sola en tantas calles sucias con tu nombre entre las manos. ya mentí tu olvido y besé otras bocas y fui un fantasma  miserable, triste y gris. ya aposté todas mis venas. ya creí.  ya dejé de creer.  nunca asumí.

Mariana Kruk en Nadar la Noche

Mariana pasó por Nadar la Noche, leyó una de sus poesías y nos presentó su nuevo trabajo. "Abrileando" No te lo pierdas!

¿Por qué escribe usted? | Óscar Hahn

Porque el fantasma porque ayer porque hoy:  porque mañana porque sí porque no  Porque el principio porque la bestia porque el fin:  porque la bomba porque el medio porque el jardín Porque Góngora porque la tierra porque el sol: porque San Juan porque la luna porque Rimbaud Porque el claro porque la sangre porque el papel: porque la carne porque la tinta porque la piel Porque la noche porque me odio porque la luz: porque el infierno porque el cielo porque tú Porque casi porque nada porque la sed porque el amor porque el grito porque no sé Porque la muerte porque apenas porque más porque algún día porque todos porque quizás

ALTA HORA DE LA NOCHE | Roque Dalton

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre porque se detendría la muerte y el reposo Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos, sería el tenue faro buscando por mi niebla. Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas. Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta. No dejes que tus labios hallen mis once letras. Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio. No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto: desde la oscura tierra vendría por tu voz. No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre. Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.

Canto Nupcial - Susana Thénon

Me he casado Me he casado conmigo Me he dado el sí Un sí que tardó años en llegar Años de sufrimientos indecibles De llorar con la lluvia De encerrarme en la pieza Porque yo­-el gran amor de mi existencia- No me llamaba No me escribía No me visitaba Y a veces Cuando juntaba yo el coraje de llamarme Para decirme: hola, ¿estoy bien? Yo me hacía negar Llegué incluso a escribirme en una lista de clavos A los que no quería conectarme Porque daban la lata Porque me perseguían Porque me acorralaban Porque me reventaban Al final ni disimulaba yo Cuando yo me requería Me daba a entender Finamente Que me tenía podrida Y una vez dejé de llamarme Y dejé de llamarme Y pasó tanto tiempo que me extrañé Entonces dije ¿cuánto hace que no me llamo? Añares Debe de hacer añares Y me llamé y atendí yo y yo no podía creerlo Porque aunque parezca mentira No había cicatrizado Sólo me había ido en sangre Entonces me dije: hol...

A SER OTRO - Edgar Bayley

He venido a ser otro a ser el mismo a entrar salir estar despierto no quiero eternizarme en una cara en un traspié canál en un cuidado He venido a ser otro a convertirme en cal en hoy en calle en mi enemigo he venido a mezclarme a estar parado a darme a ser a no mirarme a no decir ya está he terminado He venido a estar a empobrecerme a seguir con mi apuesta entre los hombres He venido a morir o no morir enamorado A partirme en cielotierra entre dos pasos habitando el desamor y la alabanz a

ºº Nadar la Noche ºº

En aguas turbias, contra la corriente, en el ojo de la tormenta, contra viento y marea,  con el agua picada, con la bandera de prohibido. Nadar la noche mar adentro, entre lágrimas de café, entre sopas de letras, sin borde sin garganta,  sin fondo sin techo, sin tubo de oxígeno, sin salvavidas. Decime, noctiluca en baja tensión,  ¿qué aguas tan serenas te han traído, en remolinos, hasta este puerto de mujeres desiertas; de hombres cansados bordeando la costa con la luna, que es sabia y que es sola, pegándole en la espalda?. ¿Sabés acaso que tu sombra es apenas el borrador de lo que puede ser? ¿Que la escriben los poetas con la noche al lado? ¿Que la cantan trovadores malditos?  ¿Que tu sombra respira, se alimenta, se estremece, cuando caminan los versos que gritan narradores seriales? En bares, en calles, en horas de insomnio, lecturas atrasadas y facturas vencidas.  Nadar la noche contra el día, contra este día, sabiéndote...

Los amorosos - Jaime Sabines

Los amorosos callan.  El amor es el silencio más fino,  el más tembloroso, el más insoportable.  Los amorosos buscan,  los amorosos son los que abandonan,  son los que cambian, los que olvidan.  Su corazón les dice que nunca han de encontrar,  no encuentran, buscan.  Los amorosos andan como locos  porque están solos, solos, solos,  entregándose, dándose a cada rato,  llorando porque no salvan al amor.  Les preocupa el amor. Los amorosos  viven al día, no pueden hacer más, no saben.  Siempre se están yendo,  siempre, hacia alguna parte.  Esperan,  no esperan nada, pero esperan.  Saben que nunca han de encontrar.  El amor es la prórroga perpetua,  siempre el paso siguiente, el otro, el otro.  Los amorosos son los insaciables,  los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.  Los amorosos son la hidra del cuento.  Tienen serpientes en lugar de brazos.  Las venas ...