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Mostrando las entradas con la etiqueta Prólogos

Prólogo a La Patagonia Rebelde | Osvaldo Bayer

 EL ÁNGEL EXTERMINADOR “Kurt Wilckens, temple diamantino,noble compañero y hermano...” (Severino Di Giovanni,Los anunciadores de la tempestad) Ya a esa hora —las 5.30 de la mañana— del 27 de enero de 1923, Buenos Aires presentía que la jornada iba a ser calurosa. El hombre rubio tomó el tranvía en Entre Ríos y Constitución y sacó boleto obrero. Viajaría hasta la estación Portones de Palermo, en Plaza Italia. Llevaba un paquete en la mano, que bien podría ser el envoltorio del almuerzo o algunas herramientas de trabajo. Parecía tranquilo. A las pocas cuadras de ascender se puso a leer el Deutsche La Plata Zeitung que llevaba bajo el brazo. Bajó en Plaza Italia y se dirigió por calle Santa Fe hacia el oeste, en dirección a la estación Pacífico. Pasó ésta y al llegar a la calle Fitz Roy se detuvo en la esquina, justo frente a una farmacia. Son las 7.15, el sol ya pica fuerte. Hay mucho movimiento de gente, de carros, autos y vehículos de transporte. Al f...

Introducción a Demian - Herman Hesse

Para contar mi historia he de empezar muy atrás. Si me fuera posible, debería retroceder aún mucho más, hasta mis primeros años de infancia, e incluso quizá, hasta la lejanía de mis antepasados. Los poetas, cuando escriben novelas, se inclinan a actuar como si fuesen Dios y pudieran dominar totalmente cualquier historia humana, comprendiéndola y exponiéndola como si Dios se las hubiese contado, sin ningún velo, manifestando, en todo momento, su más íntima esencia. Yo no soy capaz de hacerlo, como tampoco los poetas lo son. Sin embargo, mi historia me importa más que a cualquier poeta la suya, pues es la mía propia, y además es la historia de un hombre: no la de un hombre ficticio, posible, ideal o no existente, sino la de un hombre real, único y vivo. Hoy, menos que nunca, sabemos lo que esto significa, un hombre realmente vivo, y por se destruye a millares los seres humanos, cada uno de los cuales es una creación valiosa y única de la naturaleza. Si no fuéramos a...

Prólogo a Los lanzallamas, de Roberto Arlt

Estoy contento de haber tenido la voluntad de trabajar, en condiciones bastante desfavorables, para dar fin a una obra que exigía soledad y recogimiento. Escribí siempre en redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana. Digo esto para estimular a los principiantes en la vocación, a quienes siempre les interesa el procedimiento técnico del novelista. Cuando se tiene algo que decir, se escribe en cualquier parte. Sobre una bobina de papel o en un cuarto infernal. Dios o el Diablo están junto a uno dictándole inefables palabras. Orgullosamente afirmo que escribir, para mí, constituye un lujo. No dispongo, como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales. Ganarse la vida escribiendo es penoso y rudo. Máxime si cuando se trabaja se piensa que existe gente a quien la preocupación de buscarse distracciones les produce  surmenage . Pasando a otra cosa: se dice de mí que escribo mal. Es posible. De cualquier manera, no tendría dific...