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Maquillaje pal dolor
Relatoría de una noche con Cajale Cazazo en el C.C. Matienzo


Cajale es esa banda que escuchás mientras ordenás tu casa porque viene la chica o el chico que te gusta. Para darte aliento, para encender el fuego interno.
Cajale es la banda que ponés cuando el chico o la chica se fue sin darte bola y te quedaste doblemente solo. Para darte aliento, para apagar el fuego.
Cajale es ese micro de pibes sin filtro, de Plaza Italia, la van de pechito con poco bolsillo hasta ser infinitos en pogos y gritos. Y el recital, claro, no empieza hasta que llega ese micro.
Rebeldes con causas, enemigos de la inercia colectiva, compañeros en la pena, Cajale le canta a la careta que te vuelve una maqueta del sistema que construyen los estetas del discurso clase media más pequeño de la especie.
Falta un tiempo y la historia de siempre suena como la primera vez. Corre el '92 y en la final del torneo local de un pueblito del Litoral se enfrentan dos equipos: las "super estrellas" de Barrio Centro donde juega el hijo del intendente y "Panificación La Lidia", equipo de barrio marginal sin botines y con un arquero que ataja con guantes de lana. A los 15 del primer tiempo el hijo del intendente hace un gol. Y en el minuto de descuento el Negro Luján Miño de Panifcación lanza la pelota al área contraria y el estadio es una tumba; entonces se escucha un grito "CAJALE CAZAZO", de alguien que quiso decirle al 9 "encajale un cabezazo". Y eso es una filosoía de vida.
Desafiando la solemnidad, inventando convenciones poco convencionales, nos ponemos narices de payasos, y también somos actores del video de "Qué van a decirte".
Los sueñitos que dejaron los que no saben jugar soñaron volverse a encontrar con sus dueños esa noche, cuando Yuyi bajó a cantarnos y yo me aferré a ese acordeón que abrió el fuelle de mi pecho y lo hizo sonar de bien adentro. 
Cajale es esa música donde la tristeza transita sin perder la elegancia, donde juegan los de abajo que se comen a cualquiera que interponga una barrera, y aunque Dios esté ocupado tapando las mentiras de la Iglesia, ellos rezan como misa Ricotera que esta realidad está en tus manos.
Ahora bajan todos, hacen una ronda en el medio y una pareja se pasea al ruedo de una chacarera. Por unos minutos se caen las distancias, no se sabe ya quien canta si el sonido es uno solo y somos todos una banda. Y algo me cierra de por qué me siento parte de esa gente que ahora viaja sin moverse y en el pliegue de un boleto va hasta el sol.
Ahora sé quién va a amortiguar el impacto si las pocas caricias que quedaban no están. Serán amigos, serán disfraces, será ese micro, será ese viaje, será Cajale.

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